16.5.11

Este es el plan

Mi límite de hoy: O existo o no pienso más. Yo me entiendo. (Buá, ponele que entiendo). Mirá la canción que me ponen en la tele, la ponen para mí a esta hora de la mañana, justo en este segundo. Este es el plan: Llego tarde a la facultad y me quejo, aunque no pueda quejarme porque ahora en vez de irme estoy acá, voy a yoga y me hipnotizo a ver si llego a una conclusión, inglés ni lo nombremos, y la novela, por supuesto la novela. Cuando termina la novela, ahí empieza el día. Y eso que últimamente a la gente se le da por retarme por no dormir de noche, pero que le voy a hacer si soy media rara, media marciana, media vampiro.


Soy mucho más aburrida los Lunes.

15.5.11

Qué peligro, hasta cada pestaña.

Si el tiempo todo el tiempo se está perdiendo solo

Estoy teniendo un problema de encriptación que nunca tuve, por ahí me estoy volviendo transparente. Me estas viendo ya lo sé, no estás viniendo eso también, canalizo viendo novelas, otra vez. Lo que me divierte y lo que no me dicen cosas, y muchas otras cosas me dicen que no, pero en un no no gano nada, entonces ¿Qué puedo perder? Si el tiempo todo el tiempo se está perdiendo solo. Otra cosa es el poder mental, que loca que me vuelve, a veces funciona tan bien, y me las acuerdo todas, y otras veces se queda tan lejos, pero siempre, siempre antes de que diga basta vuelve a arrancar. Me leo y me analizo, busco qué hay mío en mi, y qué se puede llegar a ver. Estoy bastante bien escondida, entonces respiro, y te muestro.

11.5.11

Descontrol

Aaaaaaaaaaah bastaaaa no tengo ideas, no tengo más creatividad, no funciono bajo presión después de todo, no quiero inventar nada no quiero copiarme de nada no quiero escribir nada me quiero ir a dormir!

Versiones académicas de mis locuras

[...] De la conjunción de los sentidos y el alma nace la idea burguesa del amor. [...] En la idea del amor se refugia el anhelo de la permanencia de la felicidad terrenal, de la superación del fin. Los amantes en la poesía burguesa recurren al amor para superar la transitoriedad cotidiana, la justicia de la realidad, la servidumbre del individuo, la muerte. La muerte no les viene de afuera sino que está enraizada en el amor mismo. [...] La idea del amor exige la superación individual del aislamiento monádico. Pretende la entrega fecunda de la individualidad a la solidaridad incondicionada entre persona y persona. En una sociedad en la que la oposición de los intereses es el principium individuations esta entrega perfecta se da en forma pura solo en la muerte. [...] Mientras el amor en el arte es elevado a la categoría de tragedia, en la vida cotidiana amenaza con transformarse en simple deber y hábito. El amor contiene en sí mismo el principio individualista de la sociedad. Exige exclusividad. Esta exclusividad se manifiesta en la exigencia de fidelidad incondicionada que, partiendo del alma, ha de obligar también a los sentidos. [...]   Herbert Marcuse. Escuela de Frankfurt. 

Leo estas cosas y me entiendo, miro alrededor (o al inicio del facebook...), y entiendo a Marcuse. Y mirá si tiene razón, y si eso de canalizar la mitad de la vida (o más) en otra persona es un capricho para que el mundo siga tal y como está, y si la perfección es imposible y todo eso que parece tan obvio es irracional, y mirá si no estoy tan loca. Vení, demostrame que existe otra cosa. 

10.5.11

Estática

Cuando empieza a hacer frío me acuerdo de esa reacción extraña que tengo con la ropa de abrigo, me da demasiada electricidad estática. Y recién, mientras me mordía la lengua y contaba hasta cientodieciochomil, se me ocurrió que a lo mejor algúna vez entre la electricidad y la tensión puedo explotar. Pero todo está bien, porque nunca se sabe, nunca se sabe, nunca se sabe cuándo.


9.5.11

Bueno pero no.

Buen día, en contra de la corriente yo pienso ser optimista igual, aunque ni se me note. Nos vemos por la vida, hay muchos caminos abiertos a partir de siempre. Por quinientésimo lunes estoy llegando tarde pero así me gusta, estar acá tomando mi café. Veremos después si me quejo porque si, porque no, porque fui por media hora. No hay futuro. Que tonterías, me tengo que ir. 
Desayuno bipolar.

6.5.11

Retro back up mental

A veces quiero descargar la mente un poco, y hay historia, historia de Francia y de Inglaterra y del mundo y de las revoluciones, y me importa tan poco tan poco en realidad pero por ese arte de magia de las obligaciones me ocupó creo que más de la mitad de la cabeza en estos días. Y tengo mucha curiosidad a ver con que lleno todo ese lugar en blanco mañana a las 7 de la tarde, cuando para bien o para mal esas mil revoluciones no me importen más. Me espanta un poco, ni yo sé que puede hacer mi mente  con un poquito de espacio libre. Y hay también cosas en las que pienso y no quiero pensar, pero no sé si no Tengo que pensarlas, y otras que pienso un poco y me dan esa sensación rara que dan los secretos y mucha, mucha ansiedad que da lo incierto. Y hay cosas que me hacen reír, irónicamente los jueves al mediodía me hacen reír, y que un profesor me entregue un trabajo y sus correcciones sean puros chistes me hace reír, y saber que (una vez más) traté de evitar algo por intuición, no lo conseguí, y al final fue de lo mejor, también me hace reír, y pensar una excusa para cumplir una obligación o aprovecharse de una obligación para usarla de excusa y que de repente desaparezca me hace feliz, pero no te confundas, que me hace feliz nada más que por lo lógico que parece el mundo a veces y lo ilógico que puede llegar a ser, y por sentir que estoy viviendo adentro de mi cabeza, que debe ser algo que hago porque el mundo afuera está peor, pero mal que mal no hay lugar donde este más cómoda; parece razonable estar viviendo adentro mío, más que en el futuro o en el no futuro o en los delirios o en los problemas o en el pasado, y en todos esos lugares en los que alguna vez viví. 

Chau, solo pasaba para hacerle un espacio a la revolución industrial.

5.5.11

lejos



Te digo que este año tenía la cabeza bastante en otras cosas, pero de repente se me activó el microchip y tengo en este instante una desesperación insoportable por estar de nuevo ahí. 


p.d.: hay detalles de mi vida que parecen un chiste. 

2.5.11

Perturbada

Ahora sí que estoy asustada: A Bin Laden lo mató mi hermano. Eso no me lo esperaba. Ahora sí que no voy a poder dormir. 

Y yo que pensaba que Obama iba a decir que los marcianos me venían a buscar para llevarme de vuelta a mi planeta. 

p.d.: Quedense tranquilos, igual lo hizo con una Death Note. Ok, creo que en vez de quedarme tranquila, mejor empiezo a creer en las casualidades o voy llamando al psiquiatra.



28.4.11

Soy como este vaso, a veces.




Andate, dejame con mis berrinches y mis miedos y mis formas excéntricas de llanto, pero que sea mentira, que parezca que te fuiste pero quedate. Porque sabrás que nunca admito cuál es mi última gota.


Como soy una persona con poquísima capacidad de decisión, acá hay más gotas rebalsando más vasos. Sí, a veces estoy tan loca como para olvidarme que tengo que dormir estudiar leer comer resspirar, y ponerme a sacarle fotos a un vaso obsesivamente. Y Que le vamos a hacer...

La gota que rebalsa todos mis vasos









27.4.11

(un poco) Colgada

En lo que va de la semana (Y recién es miércoles):

-Perdí un libro de la facultad ADENTRO de mi cama, el día que lo tenía que leer. Y lo busqué todo el día, por toda la casa.
-Perdí 3 hojas de las fotocopias de historia. (Llamado a la solidaridad, alguien puede prestarme las hojas 263, 261, y 315 del libro por favor?
-Agarre una bolsa de caramelos en vez de una bolsa de monedas, y casi no me doy cuenta hasta llegar a la parada del colectivo.
-Le dije a 2 personas que iba a estar en 2 lugares diferentes a la vez. 
-Me olvidé 4 veces de fijarme la hora y llegue tarde a todos los lugares a los que tuve que ir. 
-La peor: Me olvidé de apoyar la mano en el piso en yoga, entonces me caí.

Ok, estoy re bien.

25.4.11

Un cuento. (Porque siempre va a ser mejor hacer la tarea de taller que estudiar historia.)

(Me ahorro el título feo que le puse por obligación.)


Como todos los Lunes, Lucía se levantó a las 6 de la mañana y desayunó un café con dos tostadas. Regó las plantas, se bañó, y se vistió para ir al trabajo. Se cortó un poco el flequillo que ya le tapaba los ojos, y salió apurada hacia la parada del colectivo. Se puso los auriculares, esperó diez minutos el 96, consiguió sentarse, cerró los ojos y se durmió. 50 minutos después Lucía se bajó del colectivo, caminó 3 cuadras y entró a la oficina en la que trabajaba. Saludó a sus compañeros con la mano,  se ubicó en su puesto, y  se puso a trabajar. A la hora del almuerzo, Lucía fue sola a un local de comidas rápidas. No salía a comer junto con sus compañeros, detestaba las conversaciones banales y las discusiones sin sentido que tenían lugar en esos almuerzos. En el baño del local, Lucía notó que tenía el pelo más largo de lo que recordaba, seguramente hacía mucho que no le prestaba atención a su imagen, porque no había notado que le llegaba casi hasta la cintura. Se lo recogió en una colita y volvió a su puesto de trabajo. Trabajó hasta las 6 de la tarde y volvió a su casa. Pasó el tiempo leyendo, cenó y se fue a acostar.
El martes Lucía repitió su rutina de todos los días. En el horario del almuerzo notó que su pelo estaba aún más largo que el día anterior, se sorprendió de lo rápido que crecía. De todas formas hacía mucho tiempo que no se lo cortaba,  era hora de ir a la peluquería. Pensó en pedirle a alguna amiga que la acompañe, pero hacía tanto que no llamaba a ninguna de sus amigas… Salió del trabajo y en lugar de ir a esperar el colectivo a la parada habitual, empezó a caminar, buscando un lugar donde cortarse el pelo. Entró en la primera peluquería que encontró, y pidió que le corten el pelo a la altura de los hombros. El peluquero, fiel a las características de su oficio, comenzó a hablar sin parar. Que era una lástima con tan lindo pelo y tan largo que se lo corte tan corto, que cuanto tiempo hacía que no se lo cortaba como para que le llegue ya casi hasta las rodillas, que si no quería mejor hacerse un desmechado. Lucía le contestó con un simple No gracias.
_Este corte te va a quedar precioso, le va a encantar a tu novio._ Insistió el peluquero.
_No tengo novio._ Le contestó Lucía secamente.
_Ah, ¿Querés hacer el cambio de look para conquistar a alguien?
_No.
_Bueno, entonces querés ser la envidia de todas tus amigas…
El peluquero siguió intentando entablar una conversación con ella, sin éxito. Lucía volvió a su casa bastante tarde, aturdida del peluquero y un poco perturbada; las preguntas entrometidas del hombre la habían hecho pensar en lo aburrida que era su vida últimamente. Se acostó temprano sin cenar, y se durmió enseguida.
El miércoles Lucía se despertó otra vez aún cansada, y sin ganas de trabajar ni de hacer nada, como cada día. Se sorprendió un poco al ver su reflejo en el espejo luego de bañarse, le parecía que ya no estaba tan corto y prolijo como el día anterior. Fue con desgano a la oficina, llego tarde, ni siquiera saludó a nadie, se sentó y empezó a trabajar. No salió a almorzar. La tarde pasó muy lenta, cada segundo le parecía un siglo, y cuando al fin estuvo en el colectivo, se sorprendió de que su flequillo estuviera tan largo que le tapaba los ojos. Se corrió los mechones, apenas podía ver por donde iba. Cuando llegó a su casa y se miró en el espejo, no pudo creer que ya ni se notara el corte del día anterior. Esa noche se acostó pensando que su pelo estaba descontrolado, y la asaltó un miedo exagerado, cualquier cosa que saliera de su control en su pequeña vida la alteraba. No se podía dormir, daba vueltas en la cama, sentía su pelo ya más largo que antes del corte desparramado por toda la cama, dándole calor, y el flequillo fuera de control tapándole la cara.
 A la mañana siguiente su pelo ya casi llegaba al piso, se pasó un buen rato intentando hacerse un rodete, se hizo una larguísima trenza que enrolló sobre su cabeza como un turbante. Le preocupó que su aspecto, entre ese peinado y las ojeras por no haber dormido en toda la noche, pareciera un poco ridículo, creyó que algunas personas por la calle y en el colectivo la miraban raro, pero en el trabajo nadie pareció notar nada extraño. En realidad nadie pareció ni siquiera notarla a ella. Pasó nerviosa la mañana, sintiendo que su rodete era cada vez más grande y ridículo y estaba a punto de desarmarse. Al mediodía se encerró en un baño atormentada por su desbocado cabello que como si tuviera vida propia estaba soltándose de su peinado y fluía como una catarata que se arrastraba por el piso. Se quitó un pañuelo que llevaba en la garganta y se lo puso como si fuera un turbante, volvió a su puesto de trabajo preocupada por el envoltorio multicolor que tenía sobre la cabeza y rogó que las horas pasen. Ya en el colectivo hizo piruetas imposibles para lograr sujetar el trapo sobre su cabello, que se cernía como un enorme casco a punto de explotar. Cuando llegó, exhausta, lo soltó y dejó libre la masa de pelo que la tapaba por completo, le tapaba también la cara y se arrastraba por el suelo, como la cola de un lúgubre y pesado vestido de novia. Llegó como pudo, con los ojos tapados, a la cocina, tanteó las tijeras  y comenzó una lucha silenciosa. Cortó con desesperación mechones de más de tres metros de largo, los arrojó con furia al suelo, pasó más de dos horas cortando y en la desesperación arrancando los pelos que brotaban furiosos de su cabeza. Afeitó su cabeza con una navaja, y cuando estuvo completamente calva, ya entrada la madrugada del viernes, creyó haber ganado la lucha y se acostó a dormir. Se durmió profundamente con el cansancio de los últimos dos terribles días encima.
 Pero solo dos horas después sonó el despertador. Se desesperó cuando notó que su cabello estaba comenzando a crecer de nuevo. Pero por otro lado se sintió aliviada, era mejor tener nuevamente esta melena corta que ir al trabajo rapada. Se ahorraría preguntas y explicaciones. Durante el día no dudó en cortar a cada rato los mechones que crecían a un ritmo vertiginoso, se mantuvo tan ocupada manteniendo su cabello a raya para que ni un solo cabello llegue a la altura de su cintura, que al final de la jornada laboral no había hecho ni un cuarto del trabajo que tenía pendiente. A las 8 y media de la noche, Lucía seguía en la oficina, se  debatía entre intentar terminar con su trabajo y arrancarse los cabellos que crecían a cada segundo; ya no daba a basto con las tijeras, se arrancaba dolorosamente los mechones enteros de raíz y al segundo ya tenía otro mechón rozándole los pies. Derrotada, se fue de la oficina a las 12 de la noche. No había llegado a la mitad del trabajo, el lunes se las iba a ver con su jefe… Y ya había salido el último colectivo. Arrastrando una cola de 5 metros y medio de cabello enredado que no lograba recoger, caminó y caminó toda la noche. Le hubiera gustado pedir ayuda, pero estaba demasiado avergonzada como para hablar con un desconocido, y no tenía a nadie que pudiera llamar a esas horas de la noche. Sus amigas apenas se acordaban de ella, con su hermana hacía meses que no hablaba más que por mensajes de texto para ver si estaba bien, no se llevaba bien con ninguno de sus compañeros de trabajo y no salía con un hombre hacía casi un año. Buscó calles poco transitadas para que nadie la viera y arrastró su larguísima cortina de cabellos por las sucias veredas de Buenos Aires.  Llegó a su hogar casi al amanecer. Incapaz de meter su cabellera en el ascensor, subió los 6 pisos por escalera, y cuando logró entrar a su departamento, el final de sus cabellos aún estaba en la vereda. Los  mechones que podía cortar con las tijeras no compensaban los que crecían a cada segundo. Tuvo que arrastrar la larga alfombra castaña que caía por las escaleras, y cuando logró meterlo todo dentro del departamento, cerró la puerta con llave y se largó a llorar. Pasó la tarde y noche del sábado llorando por haber perdido el control de su vida por algo tan ínfimo como el pelo. Amaneció el domingo y Lucía siguió llorando mientras su cabello brotaba de su cabeza con la misma fluidez que sus lágrimas. Ahora ya no lloraba por el pelo; lloraba porque estaba sola,  porque no tenía a nadie a quien contarle sus problemas, lloraba porque ya no se acordaba el teléfono de su hermana, porque ni uno de sus compañeros de la oficina le había hablado en toda la semana ni le había preguntado si se había cortado el pelo o aunque sea comentado que tenía un peinado muy extraño para que ella pudiera confesarle la tortura en la que vivía desde el comienzo de esa semana; lloraba porque a nadie se daba cuenta si ella estaba cambiada y porque a nadie le importaba que estuviera siendo tragada por su propio cabello. A las 7 de la tarde del domingo su cabellera la tragó por completo. Lucía desapareció para siempre bajo una montaña de metros y metros de cabello enrollado que la aplastó.
Nadie notó su desaparición hasta la mañana del lunes, cuando su pelo, que no se decidía a morir con ella, desbordó por las ventanas y por debajo de la puerta, y corrió por los pasillos, por las escaleras, y por las calles enteras, y comenzó a estorbar las rutinas de los vecinos ansiosos que se encontraban con una alfombra castaña que les impedía llegar a tiempo a sus empleos en esta semana que recién comenzaba.
Cuando el martes por la mañana la policía tiró abajo la puerta del misterioso departamento del que brotaba el pelo, y los vecinos curiosos desenredaron la enorme montaña de cabello oscuro, debajo de ella, no encontraron nada. 

23.4.11

Me está cansando esto de tener sólo pensamientos cortos

Es increíble mi capacidad para hacer extremadamente complicadas las cosas más sencillas... 

Tengo

Un libro que tengo que leer, un libro que quiero leer y dos libros para estudiar. 
Un par de películas y capítulos que quiero ver, si no me alcanza la paciencia para agarrar un libro.
Naranjas y alfajores de arroz con café, para comer si no logro quedarme quieta el suficiente tiempo para ponerle Play a nada. 
Una noche por delante para estar Sola, sólo estando sola estoy tranquila.
La sensación de que soy muy poco humana, y no en el sentido marciano que me divierte, sino en un sentido que me da bastante culpa.
La sensación de ser un Sim con el cual están usando el truco para subir y bajarle las barras. (Pero qué buena metáfora de bipolaridad...)


pd.: ¿Casi veinte años no alcanzan para entender que No me tienen que despertar llamándome por teléfono?

21.4.11

Insoportable hasta dormida, ya no se que hacer conmigo, y creo que perdí la capacidad de mantener durante más de 3 renglones la coherencia. No hay nadie pero a lo mejor estás por ahí, me lo dice el más allá. (Mentira, es solo el inconsciente diciéndome lo que quiero, que además yo ya lo sé.) Pero igual me lo dicen ciertas señales, o a lo mejor las exagero.

20.4.11

contradictoria LXIV....

Entre mis principios y mis otros principios, y siempre ni que sí ni que no, ¿Hay cosas para decir, o hay cosas que hay que decir? Siempre me da esa especie de odio cuando me estoy yendo y vuelvo como por un imán, pero también sonrío, ¿Entonces que más voy a hacer?


Tengo un cuento de pelos que no paran de crecer y gente antisocial que a lo mejor sea un poco más entretenido que mis dilemas, pero para después.