Ya nadie ama los odios ajenos, se volvieron todos locos. ¿Quién quiere amar a alguien que no pueda odiar algún detalle de uno mismo, como el desorden que tiene abajo de la cama o el ruido que hace para preparar un café? Entre tres décimas de segundo de sonrisa violenta con las uñas clavadas, y tu foto abajo de la palmera del pacífico posando una carcajada, hay un abismo. Y yo sé con cual me quedo. Aunque me muera del odio las otras ochocientas sesenta y tres mil novecientas noventa y siete décimas de segundo del día.
10.4.14
863.997
asociación libre:
ficción
6.4.14
Vox
asociación libre:
planetas chocados
5.4.14
Sobreviví a Rusia II. Película apocalíptica en Park Pobedy
Algo explota y se me viene a la mente, por un segundo, la imagen de mi primito en la fiesta de Año Nuevo diciéndome que le daban miedo los atentados en Rusia. Es el comienzo de un show de fuegos artificiales, pero a veces el cuerpo responde antes que la mente. El Ruido asusta.
El 23 de febrero es en Rusia el día del hombre, el día del defensor de la patria, el día del ejército, el día de muchas cosas. Este año era también el último día de las olimpiadas de Sochi, en las que el equipo ruso se llevaba la mayoría de las medallas, pero que además se caracterizan por ser en un lugar de veraneo, no tan frío, sin tantas montañas. La nieve está para un lado y los juegos olímpicos para el otro.
Me gustaría hacerme la revolucionaria diciendo que no me gustan los fuegos artificiales por banales, por gasto de plata innecesario, por efímeros, porque me hacen acordar a cromagnón, por peligrosos, porque los tiran los gobiernos cuando no tienen nada que festejar. Porque festejar al ejército me parece muy dudoso. Pero me gustan igual. Y sobre todo me gustaron ese día en Park Pobedy, porque llovía, el cielo estaba rojo, la explosión retumbaba, estaba todo lleno de neblina y los fuegos se mezclaban con relámpagos y parecía el apocalípsis. Y el fin del mundo me encanta, claro. El parque tenía una belleza que no tiene cuando es de día, ni cuando no llueve, ni cuando no hay humedad, ni cuando el cielo está normal. Todo parecía de película y los aliens estaban por bajar en cualquier momento, o quizás explotaba todo desde el centro de la tierra o salían zombies a atraparnos desde adentro de la estación de metro.
La película duró poquísimo. 10 minutos, 15. Después la lluvia (desubicada en ese invierno)volvió a ser insoportable, el frío molesto, el piso resbaloso, la casa volvió a estar lejos. Y finalmente la película de ciencia ficción se convirtió en drama porque me di cuenta que por sacar estas fotos había perdido las entradas para ir al Bolshoi. Pero esa es otra historia.
asociación libre:
23 de febrero,
día del hombre,
ficción,
fuegos artificiales,
Moscow,
Moscu,
No-tan-ficción,
Park Pobedy,
rusia
3.4.14
Sobreviví a Rusia I: El universo paralelo de VDNJ
La foto parece vieja. El tono entre descolorido y amarillento, el fondo difuso, los puntos blancos y la mancha a la derecha. También el carrito y el paisaje medio siniestro. Pero tiene un un poquito más de un mes. Es el color del invierno ruso, que hace que las fotos a veces hasta salgan naturalmente en blanco y negro, porque a la vista no hay ningún otro color.
Aparentemente no tengo el aspecto de una persona que pueda sobrevivir al invierno ruso, porque la frase que más suena en las reuniones familiares es "Hola, sobreviviste!". Algunos amigos también pensaban que no iba a sobrevivir, y mis amigas más optimistas pensaban que iba a quedarme allá por voluntad propia enamorada de un ruso. Pero aquí estoy, siendo nuevamente explotada por el capitalismo, y cursando una materia con apuntes de $400 que incluyen un texto de Lenin. Bueno, cuando lo leamos puedo decir que visité su tumba. De afuera, porque no entendí el cronograma de horarios para entrar al mausoleo. Sí, dos meses en Moscú y no entré al mausoleo de Lenin. Tampoco fui al "verdadero" Bolshoi. Soy re hereje. Pero tengo una historia buenísima de cómo perdí y encontré las entradas para el mini-Bolshoi-paralelo, que incluye una tarjeta de crédito rota, un señor expulsado del teatro y el odio eterno de un colombiano. Otra historia que me encanta para escandalizar a los que dudaban de mi supervivencia, es la de El universo paralelo de VDNJ.
Cuando me faltaban dos semanas para volverme me quedé sin casa, el motivo y el cómo conseguí re-ubicarme son aburridísimos y todo el mundo está harto de que se los cuente. Mi nuevo hogar quedaba en la estación VDNJ, que se pronuncia bedenjá, y queda enfrente del Centro Panruso de Exposiciones, al que nadie le dice así, sino que lo llaman como a la estación. Como dejan ver su nombre y las construcciones entre imponentes, delirantes y deprimentes (de lo abandonadas que están), en el esplendor de la Unión Soviética el lugar debe haber sido increíble. Fue un centro en el que se exponían algo así como logros de la economía, la tecnología y la ciencia (una especie de tecnópolis?). Ahora es un parque de diversiones un poco tétrico, con una vuelta al mundo de vidrios amarillos y una montaña rusa, que allá se llama montaña americana. Es que arriba de esas cosas se la pasa tan mal que uno quiere ponerles siempre el nombre de su enemigo de la guerra fria, por supuesto. También tiene manzanas acarameladas con pochoclos y una fuente gigante que está llena de nieve a la que a nadie le pagan por limpiar. Y adentro de los pabellones en los que alguna vez hubo inventos y satélites espaciales, ahora se venden peluches de Angry Birds y Matrioshkas con la cara de Obama. Pero el lugar no deja de tener su encanto; o a mi me encantan las cosas desencantadas, no sé.
El parque de VDNJ parece un poco un laberinto. Y el barrio que lo rodea, es un laberinto aún más. Edificios enormes, cuadrados, organizados en pasillos. Rejas bajitas celestes y amarillas. Patiecitos con juegos para niños en cada pasillo. Nieve, muchísima, por todas partes, por su puesto. Y árboles negros, muertos, hibernando. Las calles horizontales se nombran con números y las verticales tienen nombre, pero todas empiezan con "Prospect" y terminan con "Aya". Y yo me aprendía sólo el principio y el final de las palabras rusas largas. La primera vez que fui a esa casa fue mi primera noche en Rusia, no me aprendí el camino porque iba a una fiesta y no me imaginaba ni remotamente que podía terminar viviendo ahí. La segunda acababa de ser homeless por unas horas, había planeado vivir en la estación de Arbatskaya, había creído que había perdido la cartera mientras me mudaba y estaba enojada, alterada y cansada. Como era ovbio que no iba a acordarme el camino, me aprendí todos los detalles que rodeaban el edificio cuando salí la mañana siguiente. El número de pasillo era 14, la calle se llamaba Prospect Tsdsgfdgsdsfaya, al final de ella había un supermercado naranja y enfrente uno rojo. Hasta tenía anotado el password de la puerta del edificio (un portón de chapa gigante, de miles de kilos y con un aparatito igual al desactivador de una bomba de las películas en el que había que poner una contraseña, y hacía ruidito de ganar en un videojuego viejo cuando era correcto y podías entrar). Nada podía fallar.
Volví a la casa después de todo un día afuera muy tranquila. Por supuesto que salí del Metro y no encontraba nada; no me oriento volviendo en remís a mi casa desde Ramos, no iba a encontrar de una la puerta correcta en un barrio soviético. Pero recordaba toda la información necesaria y todavía no había empezado a congelarme. Empecé a caminar prestando atención a las calles, alguna tenía que ser la mía. Y fue la primera. Claro, me tocaba tener un día de suerte después de pasar un día sin tener hogar. Caminé hasta el pasillo 14. Algo raro había, dudé. No podia ser tan fácil, y yo siempre dudo. Y además necesitaba bananas. Así que me fui a fijar si al final de la calle estaban los supermercados. Estaban. Los dos. Entré.
El supermercado estaba alrevés que el día anterior. Todo en la dirección contraria. Y no había casi verduras. Estaba segura de que no era. Pero era un supermercado de la marca correcta y con otro mas grande enfrente, tenía que estar bien. Quizás el día anterior había ido al naranja en vez de al rojo. Volví con mis bananas y con la sensación de que todo estaba un poco raro, un poco desconocido, y un poco demasiado cerca del metro. Pero dí un par de vueltas y me convencí de que la puerta estaba bien. Puse la contraseña en el portón. Me fijé en qué dirección podía salir corriendo si la clave no era la correcta. Pero era. Pasé. Segundo piso, puerta 8, no había margen de error en eso. La puerta me pareció de otro color. Pero "Otro color" en ese barrio significaba la diferencia entre un gris azulado y un gris verdoso. Metí la llave. No giraba. Metí la otra. La metí alrevés. Quizás estaba puesta la llave del otro lado. Esperé, traté de nuevo. Escuché ruidos, y alguien abrió desde adentro. Seguro que era la señora que alquilaba el otro cuarto del departamento de las chicas con las que vivía. Aunque parecía un poco más joven que el día anterior. Por ahí era la hija. Entré a casa. Le agradecí a la chica por abrir. Miré el papel rosa de las paredes y me puse a pensar en la diferencia estética de la decoración de las casas en Rusia con las de Argentina mientras me sacaba el abrigo. Lo colgué el perchero. Me di cuenta de que en el perchero no había ningún abrigo que me pareciera familiar. Y de que no era el mismo perchero. La chica tenía los ojos gigantes y me gritaba en ruso. Lo único que entendí fue débushka. Sorry, le dije. Espero que la colonización cultural esté lo suficientemente avanzada como para que entienda que sorry significa que esa chica con botas no adecuadas para el frío se disculpaba por meterse equivocadamente adentro de su casa y que no iba a volver a suceder. Me fui corriendo.
El supermercado estaba alrevés que el día anterior. Todo en la dirección contraria. Y no había casi verduras. Estaba segura de que no era. Pero era un supermercado de la marca correcta y con otro mas grande enfrente, tenía que estar bien. Quizás el día anterior había ido al naranja en vez de al rojo. Volví con mis bananas y con la sensación de que todo estaba un poco raro, un poco desconocido, y un poco demasiado cerca del metro. Pero dí un par de vueltas y me convencí de que la puerta estaba bien. Puse la contraseña en el portón. Me fijé en qué dirección podía salir corriendo si la clave no era la correcta. Pero era. Pasé. Segundo piso, puerta 8, no había margen de error en eso. La puerta me pareció de otro color. Pero "Otro color" en ese barrio significaba la diferencia entre un gris azulado y un gris verdoso. Metí la llave. No giraba. Metí la otra. La metí alrevés. Quizás estaba puesta la llave del otro lado. Esperé, traté de nuevo. Escuché ruidos, y alguien abrió desde adentro. Seguro que era la señora que alquilaba el otro cuarto del departamento de las chicas con las que vivía. Aunque parecía un poco más joven que el día anterior. Por ahí era la hija. Entré a casa. Le agradecí a la chica por abrir. Miré el papel rosa de las paredes y me puse a pensar en la diferencia estética de la decoración de las casas en Rusia con las de Argentina mientras me sacaba el abrigo. Lo colgué el perchero. Me di cuenta de que en el perchero no había ningún abrigo que me pareciera familiar. Y de que no era el mismo perchero. La chica tenía los ojos gigantes y me gritaba en ruso. Lo único que entendí fue débushka. Sorry, le dije. Espero que la colonización cultural esté lo suficientemente avanzada como para que entienda que sorry significa que esa chica con botas no adecuadas para el frío se disculpaba por meterse equivocadamente adentro de su casa y que no iba a volver a suceder. Me fui corriendo.
Llamé a Alyona y le dije que estaba en un universo paralelo donde todo era igual pero el supermercado estaba alrevés y adentro de su casa vivían otras personas. Me pidió que le lea detenidamente el nombre de la calle. Entre Prospect Tsandrasya y Prospect Tsarinaya hay como 3 letras de diferencia. Me dijo que la espere, que ya me iba a buscar. La contraseña de todos los portones de ambos universos es la misma, ya no se usan, son anecdóticos.
asociación libre:
centro panruso de exposiciones,
ficción,
No-tan-ficción,
rusia,
VDNH,
VDNJ,
viaje,
ВДНХ
1.4.14
Consuelos lógicos, pero otro se come el queso
Del pensamiento se vive menos que del amor
fracasa el experimento de experimentar
y todos los demás
da bastante paja ser feliz
Del pensamiento se vive menos que del amor
fracasa el experimento de experimentar
y todos los demás
da bastante paja ser feliz
asociación libre:
Poesía
28.3.14
Recalculando
Alumna obsesiva, hiperresponsable, promedio casi buenísimo. Llega 35 minutos tarde con dos medialunas en una servilleta Pregunta si se puede faltar a todos los teóricos, y pregunta otra cosa muy colgada. Está sentada atrás de todo. Le suena el celular, y después no deja de mirarlo. No anota nada. Hace dibujitos.
Profesor recomendado. Doce que no le entiende la letra a los alumnos y que no maneja su propia casilla de e-mail. Que en lo posible no le escriban y que no le pregunten nada, mucho menos qué textos entran. Le pide que repita la bibliografía y no contesta, se pone a hablar de que es doctor y que no le gusta en verdad esa cátedea.
Estamos todos muy cansados.
[Entren acá, es una orden: http://relatosenelsubte.blogspot.com.ar]
Profesor recomendado. Doce que no le entiende la letra a los alumnos y que no maneja su propia casilla de e-mail. Que en lo posible no le escriban y que no le pregunten nada, mucho menos qué textos entran. Le pide que repita la bibliografía y no contesta, se pone a hablar de que es doctor y que no le gusta en verdad esa cátedea.
Estamos todos muy cansados.
[Entren acá, es una orden: http://relatosenelsubte.blogspot.com.ar]
27.3.14
Prohibido II
Está prohibido pero,
aparece de repente
una lucidez:
no quiero.
Y otra:
quería.
Y otra:
voy a querer.
Pero que horror el interludio
vacío.
Y que horror porque ya envejecí
y ya se que el sí
no es más que otro paréntesis.
aparece de repente
una lucidez:
no quiero.
Y otra:
quería.
Y otra:
voy a querer.
Pero que horror el interludio
vacío.
Y que horror porque ya envejecí
y ya se que el sí
no es más que otro paréntesis.
asociación libre:
Poesía
26.3.14
Prohibido
El pensamiento impide la acción. Es tan simple que necesito una materia con tres correlativas para que me lo digan. Por eso el experimento es simple. Una semana sin pensamiento reflexivo, no sobre todo, sino sobre lo que no avanzo. Te cuento después qué pasa, ahora tengo prohibido dialogar imaginariamente con vos.
asociación libre:
Poesía
25.3.14
Macarena
Qué no hubiera dado si hace tres años le hubiesen prometido una noche de diciembre con el cielo despejado y Macarena descalza, cruzada de piernas arriba de una silla, soltándose el pelo negro hasta la cintura y volviéndose a armar un rodete, hablándole de Colombia y de los patos de no sé qué lago que migraron por el calentamiento global. Pero se quiere ir. No porque Macarena en realidad le esté hablando a los demás y esquivándole la mirada. Eso es casi una suerte. Y ella no fué la que la esquivó primero. Macarena habla con un acento como de algún pueblo aunque no viene de ningún lado, y se mueve como si bailara mientras baldea el patio un domingo a la mañana, y le saca el tomate a la pizza con gestos de artista. Macarena era tan linda...
[El relato completo acá, en Historias para leer en el subte. Pasen y vean. ]
asociación libre:
ficción,
Historias para leer en el subte
23.3.14
Y vos, ¿cuántos párrafos poder escribir sin decir nada?
Me dijo Poli que por ahí para poder escribir lo que quiero primero tengo que escribir lo que no quiero. Es un buen consejo, Poli ahora es madura y ejecutiva. Todos están raros desde que llegué, parece que crecieron. Sí, soy consciente de la pelotudés que acabo de decir, ignorémosla. Pero por ahí tengo que decir todo lo que se me viene a la mente. Sólo para que se vaya. Yo también estoy rara, más rara: la gente me habla y me quedo callada. No contesto. No me importa nada, nada. Todavía no chequeé obsesivamente las listas de asignados del SIU a ver con quién curso y con quién me cruzo en las escaleras (Sí, hacía eso, tenganme miedo), todavía no me puse a ver los blogs de las materias ni stalkié profesores ni empecé a pensar temas para posibles trabajos prácticos. Todavía no mandé un mail que tenía que mandar. Desde hace un mes, todavía no fui YO ni un poquito.
Tampoco escribí nada del viaje. No tengo nada que decir. Malísimo. Tengo mucho para decir pero es todo sobre mí. Y sobre mí no quiero decir nada, quiero hablar del mundo o de algo que a alguien le interese. Estoy muy encerrada ultimamente. Cómo no, si estuve trabajando 9 horas diarias en la correción de la web de una empresa de envíos de importaciones internacionales. Todo muy internacional, pero estuve en el Gorky Park de Moscú y ahora no puedo encontrar en Google cómo llegar al Gorki Grana. Estoy re quejosa. Ayer me arrepentí de no comprarme ropa en las rebajas navideñas de Moscú. Todo muy banal. La casa está extremadamente desordenada, me molesta hasta a mí. Me tengo que ir porque ya no necesitamos googlear cómo llegar en tren, vamos en auto. Te lo dije, crecimos. Hay una frase que resume todo y hace un mes que estoy negando decirla. Ya se las respuestas: Ayyy, no te vas a poner mal porque no hacés lo que hacen todos. Sí, pero todos están ahí siendo todos y yo acá siendo yo, o no siendo, y aburre. Aburre pero tengo orgullo como para ya no serlo. Orgullo o un trauma, que se yo. Me aburro de estar tan enredada. Pero estar desenredada suena como si fuera a aburrir aún más rápido.
asociación libre:
Poesía
20.3.14
Frío
El verano que nunca llegó se fue, y la dejó llena de miedos.
Pero yo sonrío de ese miedo, tiene miedo de no poder,
porque ahora quiere.
Estar despierta.
Pero yo sonrío de ese miedo, tiene miedo de no poder,
porque ahora quiere.
Estar despierta.
asociación libre:
Poesía
19.3.14
Falacia
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
No debo ser tan repetitiva.
asociación libre:
Poesía
17.3.14
Hipos
Entonces formaron el club de la incoherencia, donde participaban los 3. Y cada uno podía hablar de lo que le interesaba con quien quería, aunque al elegido no le interesaba, porque el otro, que se sentía identificado, le contestaba. Pero hasta ahí llegaba la transgresión; sólo hasta que se terminaba la cerveza.
asociación libre:
Poesía
12.3.14
Vueltellano
—Es que salimos de una tierra en la que todo lo que se dice es relativo y por eso no se nos caen los Platones. Pero mis casos fueron los peores, porque a todo le puse nombre por autonomasia y lo que es único es irreversible, porque nadie puede convencerte de que no cumple lo que promete. Hasta que las promesas autonomásicas se volvieron una categoría en sí.
—En castellano le dicen vergüenza ajena.
—No quería ser tan cruda
—Pero casi que lo terminás equiparando a Geonocidio.
—En castellano le dicen vergüenza ajena.
—No quería ser tan cruda
—Pero casi que lo terminás equiparando a Geonocidio.
asociación libre:
Poesía
11.3.14
Amebas
¿Sabés qué me gustaba de vos? Tu semántica. Tu forma de elegir las palabras para armar una oración estúpida. Porque nunca decías nada y mucho menos a mí. Pero para armar frases vacías y hablar del clima o de chismes o de tecnicismos tenías habilidad de artista. En español tenemos muchos sinónimos, ochocientas palabras para decir lo mismo y para confundirnos entre nosotros y para enloquecer a los de afuera. Si yo hubiese nacido (hablando) en inglés, o en chino, o en birmano, quizás sería más normal, quizás podría enamorarme de cualquiera o quizás debería declararme finalmente una planta o una ameba, pero no podría ser tan compleja ni tan enredada. O mentira, sí podría, pero tendría que buscarme otro capricho, porque no podría ser el de combinar palabras. Pero en este idioma, yo me puedo encaprichar con vos porque sabés encontrar palabras que encajan.
Tenés buen gusto para poner una palabra atrás de otra. Y no creo que nunca te lo hayan dicho. Primero porque nadie se fija en eso y segundo porque al hablar las palabras se vuelan y no creo que se pueda establecer un criterio de belleza como si dijeramos colores, figuras o ropa. Y si alguien se fijó no se dio cuenta, porque le habrás preguntado que pensaba del verano o del viento o del tránsito o le habrás contestado una pregunta sobre cine y sobre libros y habrá pensado que la conversación era interesante. Conmigo no se puede hablar de cine ni del tránsito porque no me importan, pero puedo hacerme la que contesto mientras te juego con los juegos de palabras. Sí, ya se que es más divertido jugar a otras cosas. Pero es lo que hay, vengo de un triángulo del sur relleno de palabras raras y me llama la atención como jugás con ellas pero, sobre todo, no me llama la atención más nada. Y quizás finalmente me resigne a hablar del clima, y lo haga con el vocabulario apropiado. O quizás mejor me declare al fin ameba, a pesar de los sinónimos. Pero siempre voy a elegir ameba en vez de Potus, porque es la misma metáfora, pero amaba tiene mucho más con qué jugar.
Tenés buen gusto para poner una palabra atrás de otra. Y no creo que nunca te lo hayan dicho. Primero porque nadie se fija en eso y segundo porque al hablar las palabras se vuelan y no creo que se pueda establecer un criterio de belleza como si dijeramos colores, figuras o ropa. Y si alguien se fijó no se dio cuenta, porque le habrás preguntado que pensaba del verano o del viento o del tránsito o le habrás contestado una pregunta sobre cine y sobre libros y habrá pensado que la conversación era interesante. Conmigo no se puede hablar de cine ni del tránsito porque no me importan, pero puedo hacerme la que contesto mientras te juego con los juegos de palabras. Sí, ya se que es más divertido jugar a otras cosas. Pero es lo que hay, vengo de un triángulo del sur relleno de palabras raras y me llama la atención como jugás con ellas pero, sobre todo, no me llama la atención más nada. Y quizás finalmente me resigne a hablar del clima, y lo haga con el vocabulario apropiado. O quizás mejor me declare al fin ameba, a pesar de los sinónimos. Pero siempre voy a elegir ameba en vez de Potus, porque es la misma metáfora, pero amaba tiene mucho más con qué jugar.
asociación libre:
Poesía
10.3.14
Babilonia
Me gustan las ciudades porque son más irónicas, y porque encuentro refugio en el anonimato del caos.
asociación libre:
Poesía
7.3.14
50 metros de precisión
Hay muchas cosas que están lejísimos. La paz mundial, algunos amigos, reentender a madre, flat party in Moscow, la China, la china, los cuentos de las muñecas, cumplir la promesa del orden, tener un objetivo en la vida. Pero sobre todo una medialuna en un departamento a 15 minutos de acá, que quedó mucho mas lejos que todo lo demás.
asociación libre:
distancia relativa,
Poesía
5.3.14
Se respira un amarillo opaco del año pasado
Luz de verano que termina pero no ocurrió.
¿Dónde está lo que no dije?
Luz de verano que termina pero no ocurrió.
¿Dónde está lo que no dije?
asociación libre:
Poesía
1.3.14
Niet
Te quiero, pero no te quiero en ninguno de estos cielos rosados, irrespirables.
asociación libre:
Poesía
28.2.14
Volver
Al silencio absoluto en el que se puede distinguir un ladrido, que sólo se conoce después de hundirse en el bullicio. Al olor de casa, olor a humo y a asado que se entiende después de encontrarlo en la valija al abrirla en otra punta del mundo. Y volver a tu trabajo, a tu estudio y a tu calma, y que no te importen, nada.
asociación libre:
Poesía
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

