29.11.14

Emoción violeta

Las ganas de llorar, el impulso asesino
la seducción con el drama
el coqueteo con el odio

Una planta que cuidar
la emoción viole(n)ta
(todo lo que antes no estaba)

Cosas que no sabés
si perdonarlas
o agradecerlas. 

Capelinas

Tantas veces pensé
que había encontrado mi sombrero
que ahora que lo encuentro,
ya no lo quiero.

Tanto hablaron las vecinas
de que me quedaban mal,
que ahora los rechazo todos
no los tengo que probar.

25.11.14

Fuegos

Alguno dijo que tenían que hablar. Antes de que conversaran, él insistió en preparar la cena. Ella asintió.
El quemó: la sartén, las arvejas; el mango de la sartén, la cuchara de madera, la paciencia de ella, la posibilidad de una charla tranquila, su propia lengua, y el filtro del extractor.
Y después, ella quemó: un cigarrillo hasta la colilla, la suela de su zapato, el borde de una cortina, el recuerdo de su primera salida, y todas las cosas que había guardado de él.


24.11.14

No es un golpe bajo.

No te confundas. Amar le encantaría. Pero no quiere ni con las reglas de hollywood, ni con las de disney, ni las del mainstream. Otras no encuentra, esas las impregnan, están por todos lados. Sólo por eso se retiró de la escena y ahora se dedica, en un mundo paralelo, a jugar con las palabras, a estirarlas y enroscarlas hasta que duelan; creo que en el fondo lo que quiere, es encontrar otras formas de llorar. 

23.11.14

Homenaje a cualquiera

Eu, el miércoles leo acá.



Y leo algo así:




20.11.14

Lunas nuevas

Todos hablan de la luna llena
algún hipster del cuarto menguante
pero la luna nueva sabe
que es la más linda
porque no está. 

19.11.14

Las pibas

¿Sabías qué? Cerveza en ruso se dice piva
En el año de las pibas y de las sashas hay una chica que baila adentro de un cuadrado. Habla de gatos y pienso si es la misma que hablaba de gatos adentro de un cuento que le escribió otra.   
Tiene alpargatas de jean y lee un beso. Lee un beso y un cuerpo y dice que sí, que podría ser ella.
Tiene un alpargatas de jean, y en su murmullo me vuela una frase (qué va a volar, me la traen los cables). Vuela una frase y es tuya. Y aunque no entiendo, sé que es un secreto. Un secreto, y una guía, y la reina de las frases de la noche, por más que sea noche de cínicos y de poesía. Y quiero con todo. 
Quiero con todo.
Con lo malo.
Con la piba.
Con la ausencia.
Los silencios no podían romperse hasta Navidad. ¿Navidad? Bienvenida a la navidad. Fin de año: el mío se terminó. 
Diciembre que me atropelle, enero que me atropelle. Marzo abril mayo junio todos. La piba tiene alpargatas de jean.
La otra piba también tenía alpargatas de jean.
El río se los llevó a todos.
Bailan adentro de un cuadrado.
Después, mañana, se van a morir.

Poca reina

Tengo un lugar privilegiado
soy la que se sienta en el umbral

                                  del parabrisas 
                                               del bondi.
Atrás
Atrás del caño
Arriba del escalón
más arriba,
donde está el motor.


vueltacasa.

La puerta está lejos
desafío ladrones
desafío accidentes
Saco fotos
escucho rock.

escribo un cuento
me acuerdo de córdoba
Fantaseo con tóxicos.


Envidio a la chica
del beso casa.

18.11.14

(no) cualquiera

¿Algún que otro espejismo?
Terciopelo tenía razón.
los meses matan
después reviven.
Terciopelo está de vacaciones
(vacaciones del trapecio)
Ay, 
si tuviéramos ese departamento
Ay, 
si tuviéramos algún sueño.


Terciopelo extraña el verano 
extraña el futuro
desde que lo soltó.
Cayó desde muy alto
sin colchón que lo amortigüe
ahora eternoretornea
dentro de un collar de perlas.
Terciopelo tenía una cama
una lámpara
un edredón
dos estanterías
con peluches y libros.
Sabe que la esperan.
Piensa que la esperan. 
Los meses matan
revivir es de zombie
los zombies de ciencia ficción 
sus veredas melodrama. 


17.11.14

Contemporáneos

Ay,
No leas como filosofía la filosofía
Y mucho menos la tuya
Y mucho menos la mía,
Que la única filosofía es la contradicción

.

Función fática
música rota
mate cocido
brujería 
(que no funciona)

16.11.14

Sin crónica

Es muy de perder con el ancho en la mano
De llegar al 24 de diciembre con resaca.
El reloj de arena roto
Y del biológico se mata de risa.

15.11.14

Vértigos

Estoy sentada en la zona segura del techo, espalda en la pared y más de 10 centímetros de cada orilla, como debe ser.
Pero en realidad estoy ahí, parada en un pié en la esquina, haciendo equilibrio con los brazos y tambaleandome como la antena de televisión del vecino, entre la zona segura y la nada.
Entre trabajos que prometen y estabilidades inalcanzables, entre charlas de ayer y diálogos imaginados con poquísima fidelidad, entre el optimismo de que con alguna iluminación llegará alguna ilusión y el pesimismo de saberme desde siempre adicta a llegar al borde y retroceder. Entre escribir un cuento y terminar de leer Bourdieu, que es la misma discusión. 
En un pié, tambaleandome en un borde.  Como estuve siempre.
Cómo lo decidí siempre. 
Porque está claro que prefiero el techo a la comodidad del living.

11.11.14

Ojalá que

sólo aprehendas la coherencia para vivir tu irracionalidad
sin lapidaciones

10.11.14

Cosquillas

El último rayo de sol marciano marciano de marzo dejará ver donde están sus pies. Mientras tanto, los cuerpos se acostumbraron a los inviernos. Pero un bicho de luz volando a tres milímetros de su cara, una gota de jabón haciéndole arder los ojos: todavía se pueden sentir cosas. 

9.11.14

Quemar el tiempo

Me sobra memoria RAM (en la cabeza), como para no cerrar esa ventana. 
Salgo a correr, salgo a tomar.
Para quemar (sin orgullo) energía y neuronas.
Siempre encuentro (engendros, sociedades, organismos unicelulares) a quién echarles las culpas. 

Todos los galpones

¿Te acordás la valijita esa de camping? El otro día la encontré. 
Andá a buscarla, está en el galponcito.
(ordena una tía).

Un día de noviembre, da igual si hubiera sido de marzo (no daría igual de ser diciembre o el mes de su cumpleaños), la señorita visita una casa, exactamente el fondo de una casa, porque la casa ya la ha visitado otras veces. En verdad el fondo también, frecuentemente, pero sólo ahora le pone atención. Ignora las 73 veces que hubo en medio (no significaron nada) y compara esta última, con una tardecita de algún año de entre 1994 y 1998, tarde que pasó en ese mismo patio, aunque a decir verdad era el patio de otra casa, pero los patios no pertenecen a las casas, sino a las familias que los habitan, y ellos se habían ido desperdigando por la ciudad y llevándose el fondo de la casa con ellos.

Busca la señorita similitudes y diferencias en los patios.

La enamorada de los muros se desprendió por su propio peso en lo alto y dejó un amplio espacio en el que se ve la pared ayer-allá blanca ahora-acá de color gris hongo. Si se toca, se cae un pedazo, quizás la pared no existe, es sólo polvo y raíz de enredadera esperando ser desmoronado por la manito ahora mano que no se anima a tocarla porque entiende su uña larga y pintada de violeta tornasol como la mayor de las amenazas a lo que queda de ella. 
Tres girasoles de esmalte sintético, que estuvieron alguna vez pintados y amarillos en la pared adyacente, ahora son un polvito amarillo sobre el suelo, y sobre la violeta de los alpes. 
La violeta hoy crece raquítica regada por el pis de los caniches. Un día creció violenta, alimentada del pekinés que descansa abajo de ella. Nadie vaya a recordar el trágico deceso de la primera mascota familiar. Y nadie vaya a notar que un caniche es la única cosa que puede ser más fea que un pekinés. Los perros, al final, son rasgos de época. 
La calesita de colgar la ropa fue el peor pero más tentador de los escondites, porque esconderse atrás de las sábanas te deja ver los pies, pero la sensación de envolverse en la sábana enorme, húmeda, blanca y con olor a jabón no puede resignarse para esconderse abajo de una mesa. La calesita sigue estando, pero ahora tiene cosas colgadas y es un macetero vintage. El reciclaje es tal vez más feo que una cruza de caniche y pequinés. Parece que todo lo que hubo no está más, o en todo caso perdió su esencia.

Se abre la puerta, la tumba el olor a galpón.

Que golpea y tira al suelo a cualquier alma distraída con la misma contundencia que lo haría una de las latas de pintura rancia si el estante se venciera y se le cayera a la señorita encima, o como si la escalera de doble hoja a la que siempre le quedó una sola perdiera el equilibrio al ser rozada por un pié. 
El olor del galpón es el mismo que el del otro galpón, el de la casa suya, la que no puede visitar porque vive adentro, y por estar tan cerca no puede notar como cambia. El olor del galpón es el único, inconfundible, olor de todos los galpones de esa familia. 
El olor a todo lo que tiran, a todo lo que esconden, a todo lo que ya no sirve y sobre todo a lo que se guarda porque algún día va a volver a servir, porque les costó mucho esfuerzo, y en el fondo porque le tienen cariño. Como un balde de la pintura verde agua con la que pintaron la habitación de la señorita en 1996, o la rosa viejo con la que decoraron la de su prima en 2002.
 El olor del oxido de los cadáveres de las sombrillas y las reposeras que los vieron odiarse amarse y gritarse en todas las localidades de la costa atlántica y del más allá, del verano en Brasil en el 98. El de la valijita de pesca que ese año no usaron. 
El olor al galpón es único e inconfundible y es sólo de ellos. Les pertenece. Porque aunque fuera el mismo de todos los galpones de todas las familias de todos los universos, aún así no lo sabrían, porque nadie puede, nunca, meterse en un galpón que no le pertenezca. Si alguien entra al galpón de otro, es porque ya se está metido en esa familia de cabeza, y los restos de sus vacaciones y sus reformas y de manteles reutilizados en todas sus fiestas de casamiento ya le pertenecen. 
Curioso le parece a esa señorita que el olor del galpón sea el mismo aunque lo que se entierra en él se acumule con descuido, y que el resto del fondo, la pileta el parque la enamorada, hayan cambiado tanto a pesar del esfuerzo y la constancia de que la apariencia continúe siempre igual. 
Piensa un ratito en la idea de que lo que no cambia nunca es lo que se deja crecer, y en cambio lo que quiere conservarse se desborda. Pero al rosal lo dejaron ser y se trepó a la medianera, se enamoró de los perros y después se secó. Y al limonero, a ese lo cuidaron con éxito.

Vuelve triunfal la señorita con la valijita que fue a buscar.

Con la sensación de que una caja de herramientas oxidadas se le cayó en la cabeza, pero con una rara certeza de refugio. De que en veinte años, haya sido lo que fuere, de la familia, de ella, e incluso de esas casas, va a tener siempre a donde volver. 
Porque hay cosas que cambian y cosas que no cambian y no hay ningún tipo de lógica que permita predecirlas, pero el galpón de la familia permanece: así sea que se lo lleve en una caja a algún extremo de Asia al que se vaya a vivir cortando todo lazo, el galpón se las va a ingeniar para instalarse en cualquier cosa a la que ella decida llamar casa, así como se instaló en el fondo de la casa nueva que construyó la tía. Así funciona. Uno se lleva un fragmento de la vida de la familia, que puede ser la valijita que la mandaron a buscar y ahora va a llevarse,  esa será su piedra fundacional. 
Todo lo que descarte y lo que acumule de su vida y de las que se entrecrucen con la suya va a tomar, tarde o temprano, el mismo olor a familia, el olor a todo lo suyo y a todo lo heredado. A lo amado y a lo odiado. A lo que quiere guardarse y a lo que quiere olvidarse, que termina siendo lo mismo y que convive en el mismo lugar. En cualquier lugar que ose llamar casa, alguna habitación o al menos un armario se las va a ingeniar para ser el galponcito, el mismo que estuvo en su casa de la infancia, en la casa de su tía, que estará en la de su hermano, que habrá estado en la de la bisabuela, que habrá venido de Italia y que seguramente, por más que lo intente, por más que cambie todo hábito y que limpie y se mude y ordene, no se va a extinguir con ella.

Quedate vos la valijita, lindo recuerdo

(sentencia la tía).

7.11.14

Historia triste

Era él
futuro nada más
y vos lo convertiste
en esa cosa que se la pasa
despegotiándose los recuerdos
del interior poroso de los huesos del cráneo.

Mañana

Me quiero ir a vivir
al epicentro
(del terremoto)

Mochilita

Vacío la cartera de lo que te olvidaste adentro,
para que entres vos.
Pero ya te perdiste.
Te alcanzaron los juguetes
que llegaron latiendo
mientras yo esperaba
que me den cuerda.

Se llenan de a poco el mundo y mi cartera de amenazas,
cosas que caminan y que hablan
y que tienen una piel
y una cobertura blanda.
Se llena la cabeza
y después la vacío
para que entren ellos.


6.11.14

Caramelos ácidos

¿Quién te guiona la vida? Ayer me pareció que la mía era un mamarracho, que la habían escrito borrachos Capusotto y el Raví Shankar.
—El Raví no puede beber. — me corrige el libro de Historia que tengo entre las manos. Se pone serio y me da un sermón, y después se abre en una página que habla de batallas perdidas y me dice que la tengo que leer.
—Más allá de que mañana tengas exámen, la batalla de Cepeda la debería entender cualquiera — Me comenta el resaltador.
Desde anteayer que charlo con ellos.
Desde que vi en Internet tu foto mostrando un nuevo amor.

[...]

Para leer entera esta historia de objetos que hablan y personas que se los comen, tienen que entrar a Historias para leer en el subte, donde pueden encontrar además un montón de historias lindas, mías y de otras autoras. 

2.11.14

peli de terror

suenan igual
la pava
y mi panza
con acorde de lluvia

que la banda sonora
de cualquiera de Hitchcock