31.3.15

Qué pensar

Que si imagino adelante me destruyo
que si no imagino no hay futuro
y así todo el día;
ya no sé
ni de que color
tenes las armas.

29.3.15

Mandatos

Robarme 
siete párrafos
de un libro
que no puedo pagar
no me dio culpa
y fue más fácil
que robarte
veinticinco minutos
o siete mil horas.
Las siete de la mañana
siempre fueron demasiado tarde
y la santa cosa
que nos presentó
nos enseñó con éxito
sí matarás,
sí robarás
no harás nada
a lo que no puedas
ponerle un nombre.

Está bueno
enamorarse de cosas
que no son personas
sobre todo si el vértigo
ya está cubierto
por el borde
de los tres abismos
en los que te estás por caer.
Tranquila mamá,
ya se me pasa
en un rato
en una o dos vidas
cuando reencarne
en gusano
o en vaca
o en un organismo procariota
que no tenga corazón.

28.3.15

Otra de hormigas

Una hormiga (porque siempre se habla de hormigas; nada ni nadie es más que una hormiga en el juego de las órbitas que rodean al sol), una hormiga tuvo el cuidado de salirse de los túneles ya transitados que podían enredarla en algún punto del pasado, en un lugar del que de suerte había logrado huir, ante el peligro de miles de avalanchas. Evitó los caminos que podían llevarla a una cocina recién acabada de fumigar, donde los restos de veneno ya no mataban pero todavía impregnaban la atmósfera de algo fulminante. Tuvo el cuidado de no enredarse en esos túneles de la casa derrumbada y carcomida. Pero en el afán de no volver a ese hogar en el que el cuerpo todavía dolía, se metió en algún túnel más profundo que ya había olvidado. 
 Las hormigas tienen una memoria extremadamente corta, casi tan endeble como la de los humanos. El patio del fondo, la raíz mordisqueada por toda su vieja familia en un viejísimo árbol. Las raíces son una tentación peligrosa a la que las hormigas a veces vuelven sin saber. Entre las raíces del que fue alguna vez su tronco, entre la tierra que algún día lejano le había parecido la única forma de la vida, se perdió y se enterró otra vez, como si los derrumbes de esa tierra viva no hubieran aplastado antes a su alma y a su familia. Anduvo primero con recelo y melancolía, pero esas cosas a veces se transforman, otra vez, en la misma y originaria estupidez, la que otra vez la había atrapado ahí. Las raíces se parecían al amor y los amores a los primeros amores y los primeros amores a la esperanza y la esperanza a una forma de aguantar la existencia infinita de una hormiga negra. 
El tronco volvió a caer y la aplasto otra vez en el mismo lugar exacto en el que ya la había matado. Las hormigas pueden morir un par de veces de lo mismo, algún secreto de la inteligencia colectiva. Una forma más sutil y menos humana de esa manía de todas las especies de la Tierra por cometer miles de veces el mismo error. La muerte era de todas formas más dulce así, aplastada por una raíz originaria que envenenada por alguna nueva variedad de azúcar de diseño, planeada para seducir y después para matar.

Cubista futurista

Las mentiras son premonitorias
y ya dije otra vez
que mañana las cadenas
como todas las cadenas
van a desencadenarse
eslabón por eslabón.

Van a desencadenarse
y no hay nada que hacer
pero
si lo hubiera
nadie lo haría.

Van a desencadenarse
y no hay nada que hacer
porque si lo hubiera
-en mi dimensión-
nadie lo haría.

26.3.15

Linterna

Magia derramada, ¿es miedo? Perdí mi rumbo; lo cambié por dos pesos. Pero se sobreentiende, ¿no lo ves? Ver televisión es absolutamente fácil. Si me concentro, no te caés. 

24.3.15

Milanesas de soja en un tupper

No hay nada hoy, pero mañana vamos a comer milanesas de soja frías adentro de un tupper robado. Vamos a comer esas milanesas en sentido literal y en sentido metafórico, porque la carne y también lo que no lo es se enfrían con el correr del tiempo y se ponen raros y gomosos. Las palabras son cosas que no son carne y a veces se le parecen, como la soja dentro de la milanesa. Las historias son rejuntes de palabras que a veces se ponen frías y gomosas, y nada más. 
La milanesa de soja en tupper robado tiene todavía algo indescriptible que recuerda a milanesa, la esencia de la milanesa no se pierde del todo. Como quizás no se haya perdido un chiste malo o una costumbre rota con estupidez. Quizás quieran seguir vivas, pero como la soja, van a tener un dejo de indigesta insatifacción. Pero no la como con ganas, pero no la dejo de comer. Y así con todo. 

20.3.15

Dinosaurios

Los dinosaurios nos dan miedo a todos, pero a cada uno a su manera.
El orador explica que los dinosaurios no eran el único animal copado de la era paleozoica (o la que sea). Parece que si tuvieron más fama que los otros, fue porque se parecían a los monstruos: a cosas gigantes y llenas se dientes. A todo lo que nos asusta. Son monstruos pero son controlables, porque se extinguieron. Eso parece que nos encanta, y que es el secreto del éxito de Godzilla.
Cuando me enteré de que los dinosaurios se habían extinto no me hizo mucha gracia. Tenía 5 años y fui a despertar a mi mamá en el medio de la noche, para hacerle una pregunta. Si los dinosaurios se habían extinto, ¿nosotros también nos íbamos a extinguir?
No me contestó nada muy concreto. Que no se sabía, que quizás sí, pero faltaba mucho tiempo. Eso no me dejó muy tranquila. ¿Qué es mucho tiempo a los 5 años? ¿El tiempo que falta para navidad?
Vuelvo a la charla en el aula magna de medicina. La facultad de medicina tiene unos tostados árabes mucho mejores que los de sociales. Los de las ciencias exactas siempre nos ganan en todo.
El especialista esta diciendo que en realidad los dinosaurios no se extinguieron. Demuestra la evidencia científica que se convirtieron en pájaros. ¿Tantas noches sin dormir por miedo a la extinción, y ahora me dicen que nadie se extinguió nunca? Seguro me enteraba antes, si no estudiaba sociales.
Entonces la humanidad no va extinguirse. Lástima que en los últimos años, me convencí de que esa idea no sería tan mala. ¿Pero será que nos convertiremos en aves?  Solución evolutiva a los embotellamientos. Me lo imagino y me causa gracia.
El otro día le dije a una amiga que últimamente con la gente que no era de sociales no tenía tema de charla, pero ahora que me sacan el miedo a los dinosaurios, los de las ciencias naturales me caen bastante bien.

19.3.15

Café con leche

Si escriben sus nombres
sin tildes
o se ponen sombreros
puede ser
que no estés tan mal
en la última foto

igualmente
no tenías razón 

hay inviernos
más lindos que vos

11.3.15

La oficina de un señor

Un señor muy viejo tiene un gran sótano lleno de archivos. Hoy lo mostraron en la televisión. Tiene cajas llenas de recortes de diarios de las últimas diez décadas, y otras cajas, todas decoradas, en las que guarda fotos. No me acuerdo el nombre, pero es muy viejo y es un escritor. Tiene también tres computadoras, pero alrededor de ellas como ciento veintitrés cuadernitos con anotaciones a mano.
Seguro ese señor, adentro de sus cajas, gurda algunos pedacitos de romances. Como el billete todo anotado que vos todavía llevás en la billetera. Seguro en una caja, entre veinticinco fotos de actrices y ciento dos de paisajes, hay una foto desenfocada de un campo, en el que un mechón de pelo que se ve sólo de costado, para él un día significó todo. (No importa si no entendés, yo te hablo de algo que en verdad nunca pasó).
Seguro los cien mil quinientos dos papeles archivados son toda una excusa para que pasen desapercibidos los que le importaron, que son tres o cuatro. Tal vez, además, ya no le importan hace años. Pero a lo mejor sí, a lo mejor todavía se acuerda. Porque seguro ese señor tuvo romances analógicos. Seguro sus sentimientos se acomodaban libres en esas cajas llenas de recuerdos, en las que quizás había mentiras, pero no había ninguna certeza falsa de fotos nuevas y alegrías anunciadas en redes sociales, que viniera a decirle a quién tenía prohibido querer. (No hace falta que entiendas de que hablo; te cuento algo que te pasó ayer).
Seguro ese señor fue muy feliz y después estuvo muy muy triste; todo por culpa de sus papeleríos. Como nosotros, que fuimos muy felices, y después muy muy tristes; todo por culpa de unos teléfonos. Seguro ese señor sufrió menos o más pero vos dirías que todo era una mentira, porque vivía en la ignorancia, vivía de recuerdos y sin ver el presente. Y yo te digo que el señor puede haber amado más o menos pero que su cariño fue sincero porque estaba plantado sobre sólidos recuerdos y no lleno de esos flashes que a vos y a mi nos van y nos vienen y nos dicen que hay que hacer. (No importa si no entendés, te hablo de cosas que nunca existieron).
 Seguro ese señor sufrió más o menos, pero fue más sincero, porque vino de un tiempo en el que amar sin ver no estaba tan mal visto. 


Non fiction barata I

—Lo reeditaron, y está en oferta.
—¿Qué?
—Que está en oferta, me habías preguntado hace unos meses y ni se editaba. Ahora, viste, como se murió, salió de nuevo, y esa editorial la tenemos toda con descuento.

El librero se acuerda de lo que yo quería, y yo no. Yo agarré cualquier libro de la mesa en la que siempre están los de comunicación y de semiótica, y le paso los dedos por el lomo y por los bordes de las hojas, sin ver ni qué título es. Miro por la ventana el frente de la facultad y pienso en el dos mil diez y siete, porque qué importa que falten dos años, a mi me encanta pensar en cosas que no están. 

—Hay un montón de comunicación en la mesa, fijate, si te llevas varios te hago un descuento más. 

Que están en oferta todos los de Gedisa, me dice, y yo pienso que cómo le explico, que ahora no me importa más la semiosis social. Que le había dicho que lo quería y que si conseguía uno, porque no se editaba, que me lo trajera, que no importaba que el precio era un delirio, que lo quería. Y cómo le digo ahora que no se lo voy a pagar doscientos pesos. 

—¿Eras vos, o no, que me lo habías pedido?

El librero sabe mucho de mí, ahora va a saber también que las cosas que me parecen de vida o muerte al tiempo ya no captan ni un poco mi interés, que no me acuerdo de lo que digo y no soy responsable por lo que pido. Sabe también que el cuatrimestre pasado, según sus propias palabras "me maté con filosofía de la estética", que me quemé la cabeza. Quizás adivinaba que me quería quemar literalmente el cerebro, no pensar nunca más en nada, y mi forma de hacerlo era intentar entender el sentido del arte. 

—Cualquier cosa decime.

Se resigna. Ya debe entender todo, ya debe saber que no le voy a comprar ningún libro, porque ya debe entender quien soy. La piba que estaba obsesionada por el lenguaje; después por el arte, pero ahora, ahora no puede pensar en nada, sólo en la mancha de humedad que crece y crece en la pared del frente de la facultad, que se parece a otra mancha de humedad, a una que está en un lugar del que quiere escaparse, y que era un lugar del que, pensaba, a menos que la echaran, no iba a querer irse nunca. 

La piba que ahora tiene la certeza absoluta de que nunca más va a poder interesarse por nada (aunque tal vez vuelva en diez minutos, a pedir alguna lista infinita de libros raros sobre antropología).

La piba se va. Y el libro, que ayer era imposible de conseguir, completamente agotado, ahora estaba ahí, y ella se iba, lo abandonaba en la mesa. 

6.3.15

No hay más

Mi ternura embrión
descarnada en objetos
está repartida
en las plazas del mundo.

Algo nuevo
(la luna no)
como el papel sobre el vidrio,
o un tintineo tímido

generarán el humo
sobre la mesa mojada
que te consume adentro
para no desolvidar.

Afecto 
pañuelos amarillos
cuarenta y tres retratos
no te parecés. 

Todos los futuros sobran
pero hasta recién
que arrastraste todo
la mañana de ayer
todavía existía.

5.3.15

Así

Chocolate con nueces
y dulce de leche con almendras
y ojalá que yo
no tenga razón en nada
porque sería muy difícil
darlo vuelta todo.

4.3.15

(otros) orígenes

Dice una peli, que por supuesto no vi entera, que tus átomos y los suyos ya estaban ahí, juntos en el big bang. Por eso, yo sé que entendés todo, pero también, que la materia atrae a la materia, y los polos opuestos y eléctricos, y todas esas cosas: los átomos que ya estuvieron pegados, debe ser que siempre se vuelven a atraer. 
Yo sé que entendés todo y que a la vez hay átomos tuyos tironeandote de acá para allá. Yo entiendo todo, ¿pero sabés? Era el big bang... Y mis átomos, y esta naranja, y esta cafetera... Nosotros también estábamos ahí. 

Entre el blanco y el negro

Parece que en Junio...


Alguien dijo hace mucho que escribir es pintar con las palabras. Tamara Grosso crea en Entre el blanco y el negro su propia paleta: dulce pero intrépida, simple y a la vez  compleja, en un arcoíris narrativo que justifica el “entre” que lleva el título.

La autora juega con una inocencia corrompida por un inteligente cinismo. Los personajes, surrealistas, animados por una pluma sutil pero a la vez crítica, permiten a los lectores –sometidos a una tensión narrativa que no decae– moverse en atmósferas de ensueño, pero también rozarse con el barrio, con la vieja chusma de enfrente,  con la compañera tímida del trabajo.

Desde un extraterrestre hasta un átomo, pasando por personas, objetos inanimados y hasta un botón alcoholizado en la gran ciudad, conviven con una armonía envidiable en una gama de relatos que va entre el blanco y el negro. 

3.3.15

Represas

Salir a correr es como dejar la lamparita prendida cuando no estás en la habitación. Y amar también.
Y también preparar la ensalada en vez de comer por separado las verduras. Y sólo la de la lámpara es energía tan visiblemente malgastada como para que a veces nos quejemos. Y ni siquiera ella es tan radiante y evidente como para que no nos olvidemos de apagarla.

Mañana será

Una palabra redentora te deja libre y lo libre no busca más que volver a estar preso.
¿Porqué iríamos a luchar si así no fuera?
¿Por qué iríamos a vivir si no lucháramos?

verse 
otra vez 
envuelto
en lo que no querés
(prisionero
de lo opuesto
del autocontrol)
–no es un miedo
(no es más que un deseo).

2.3.15

Palomas muertas

Palomas blancas. Palomas negras
palomas trilladas y palomas muertas.
Las chicas hablan de azar, 
de amor y de guerra:
hoy me dijo una tonta que ya no tiene paz.
¡De qué va a saber 
que no sea de paz
si nació muerta de suerte!
Si nació ahora 
si nació acá.
Mediocre vos, 
mediocre yo, 
mediocres ellas 
que creen que hablan de guerra 
si dicen que hablan de amor. 
Acá las palomas
no saben hacer nada
que no sea causar fobia
(aleteando en Starbucks 
por abajo de la mesa).
Mediocre vos, 
mediocre yo
mediocres nosotros que hablamos de amor
y de eso tampoco
 tenemos idea. 
En este hemisferio
están todas muertas
(todas las palomas
nacieron enfermas). 


1.3.15

concentración en sangre

la ensalada.
describiste entera la ensalada.
opinamos sobre el queso en hebras.
¿Lechuga? ¿realmente vamos a hablar de Lechuga?
cómo se agrandan los abismos cuando se acortan.
que asco la mayonesa,
que asco sin condimentos
sí, que asco la cosa insulsa
pero peor el aceite por demás.
De azucar, hablemos.
de vinos
¿y de anestesias?
porqué no coquetear con eso,
si todo lo inmenso
ya me perturba tan poco.